Santa Coloma de Gramenet

Nos siguen asesinando!

  • Núria Parlon
  • Actualitzat:
  • Creat:

Las violencias extremas son solo la punta de un iceberg patriarcal que condena a las mujeres a enfrentarse a una violencia estructural más o menos consentida según el lugar del mundo en el que vivimos.

Se aproxima un nuevo 25 de noviembre y las cifras de mujeres asesinadas por sus parejas o ex-parejas, no deja de crecer. Hasta la fecha, el 2018 arroja un total de 46 mujeres asesinadas. Desde 2003 (año en el que se inician los registros oficiales) la cifra total asciende a 974.

Es el rostro más cruel de la violencia machista y recibe una condena, más o menos unánime, del conjunto de actores políticos y sociales. ¿Quién no está en contra de qué asesinen a mujeres? Nadie, pero nos siguen arrebatando la vida… Algo o mucho falla.

Es muy posible que el árbol no nos deje ver el bosque y que probablemente para acabar con los asesinatos machistas (el árbol podrido) debemos saber a qué bosque nos enfrentamos: insultos machistas- día sí y día también- absolutamente normalizados- acoso laboral, brecha salarial por razones sexistas, agresiones sexuales a diario, prostitución forzosa de mujeres y niñas, vientres de mujeres pobres para gestar bebés para aquellos que pueden pagar, mujeres desprotegidas frente a sus maltratadores siempre reincidentes y micromachismos diversos y cotidianos con las que convivimos con mayor o menor asombro según el grado de tolerancia social respecto a las mismos.

De repente el bosque que no veíamos resulta ser un auténtico páramo nuclear. Las violencias extremas son solo la punta de un iceberg patriarcal que condena a las mujeres a enfrentarse a una violencia estructural -más o menos consentida- según el lugar del mundo en el que vivimos. Como sociedades democráticas el asesinato sistemático de mujeres nos ha de hacer saltar todas nuestras alarmas y nos obliga a destinar los recursos necesarios, incluidos los económicos, para disponer de pactos de estado eficaces contra las violencias machistas; pero también hemos de estar alerta ante los discursos emergentes de los embajadores de la política del odio que intentan “desgobernar” el mundo promoviendo el miedo, rápidamente vienen a nuestra mente los Trumps, Bolsonaros y Dutertes del mundo.

Pero también algunos más cercanos, como la formación VOX que defiende públicamente acabar con leyes como la de la violencia de género o las de igualdad, y que desde sus tribunas arengan contra el feminismo, acusándolo de ser una ideología trasnochada y peligrosa, como si sus tesis neofascistas no lo fueran.

¿Por qué les pone tan nerviosos un movimiento transversal con siglos de historia que jamás ha provocado ninguna guerra, ni víctima mortal y ha ampliando derechos y libertades para el conjunto de seres humanos?

Precisamente porque persigue una igualdad forjada en unas nuevas relaciones entre hombres y mujeres y, sobre todo, en la emergencia de un nuevo modelo social y económico que reduzca el sufrimiento de la humanidad a escala global.

Quizás por todo ello, el feminismo es la auténtica revolución pendiente, a la que por “arte de esperanza” más y más personas, cada día, no estamos dispuestas a renunciar.

 

*Artículo publicado en el número de noviembre de El Mirall.net